El diseño profesional de páginas web implica desarrollar una buena experiencia de usuario. Para la mayoría de diseñadores, ya es prácticamente sentido común que un alto nivel de usabilidad atraerá más usuarios, y en general ayudará a sus clientes a cumplir sus objetivos de negocio. Pero, ¿es posible que un diseño usable no vaya en favor de los fines comerciales del cliente? Hay que barajar esa posibilidad. Y cuando eso ocurre, ¿cómo se ha de diseñar?

Hay que tener muy presente que lo más importante son los objetivos del cliente. Es su página web, y se han de cumplir sus expectativas. Por muy polémico que suene, existen muchos casos en los que las necesidades de un cliente contrastan con los más elementales principios de usabilidad, y es nuestro deber satisfacer dichas necesidades. Después de todo, crear una gran experiencia de usuario no sirve de nada si su dueño no tiene un uso para ello.

Valores que no siempre coinciden

Eso no quiere decir que la experiencia de usuario y las disciplinas que engloba sean menos importantes. Aspectos tales como la accesibilidad, la legibilidad y la facilidad de uso sólo pueden ser beneficiosos para los usuarios, lo cual contribuye a una experiencia agradable que fomenta lealtad hacia la marca.

Cuando un cliente insiste en realizar cambios negativos desde el punto de vista del diseño, puede que lo haga con razón. Es posible que le sea absolutamente necesario agregar más campos a los formularios, utilizar textos con jerga más avanzada, o incluso que, debido a un diseño anterior, se deban mantener elementos con poca usabilidad.

En este tipo de situaciones, se ha de encontrar un balance adecuado que pueda cumplir las expectativas de ambos bandos de la mejor manera posible.

Buscando el balance

Quizás la mejor manera de crear un diseño que aproxime ambos valores se reduzca a invertir más tiempo en la etapa más importante de un proyecto web: la planificación e investigación preliminar. En esta etapa, se debe buscar conocer el negocio del cliente, y comprender no sólo sus necesidades, sino sus objetivos propuestos y metodología. Todo esto se consigue respondiendo a las preguntas esenciales que ya muchos conocen, tales como:

  • ¿Cuál es el público objetivo del cliente?
  • ¿Cómo interactúa el cliente con su público?
  • ¿Cuál es el tono y la imagen que el cliente desea mostrar?
  • ¿Cómo se ha de llegar a dicho público?

Estas son sólo algunas de las preguntas que se han de responder para tener conocimiento de lo que el cliente desea ofrecer a su audiencia. Existen muchas listas con diferentes preguntas que buscan llegar a lo mismo. Pero, ¿son suficientes para conocer al cliente a fondo?

 

Normalmente, cuando un cliente acude a un profesional lo hace debido a sus conocimientos en su área de negocio, ya sea en diseño web o cualquier otra rama de negocio. Por ello mismo, es deber del diseñador ofrecer la mejor solución posible ante sus necesidades. Muchas veces, el cliente puede no tener los conocimientos necesarios sobre cómo implementar una página, pero necesita que se cumplan ciertos requisitos.

Cuestión de empatía

En estos casos, es necesario invertir el tiempo y esfuerzo necesario para comprender las intenciones del cliente a fondo. Es posible que realizando las preguntas que con otros clientes bastan no sea suficiente, y se necesite estudiar con mayor profundidad las razones por las que existen los requisitos anteriormente mencionados. Algunos puntos a tener en cuenta son:

  • ¿Tiene el cliente otras estrategias de marketing planeadas?
  • ¿Cuáles son los objetivos que el cliente se ha marcado a medio plazo?
  • ¿Cómo funciona el flujo de trabajo en la organización?

Conociendo el razonamiento por el cual se hacen necesarios dichos cambios se hace posible buscar alternativas, llegando a un punto intermedio que favorezca tanto al usuario como a los objetivos comerciales del cliente. Hay que recordar la importancia que tiene encontrar dicho balance, ya que dejar de lado a cualquiera de las dos partes puede tener resultados perjudiciales.